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Hazle un regalo, deja el celular a un lado

Writer: Kik Garzia
Kik Garzia
Jul 29
3 min read

Hay una tristeza de la que casi nadie habla. No llega de un día para otro. No hace ruido. No rompe platos ni termina en una gran discusión. Es una tristeza silenciosa que comienza cuando la persona que amas deja de mirarte para mirar una pantalla.


Al principio parece algo sin importancia. "Solo estoy respondiendo un mensaje". "Dame un minuto". "Déjame terminar este video". Pero esos minutos se convierten en horas, y las horas en una rutina donde el celular siempre tiene prioridad sobre la persona que está sentada enfrente.


Lo más doloroso no es el teléfono. Lo más doloroso es sentir que compites contra él... y perder todos los días.


Hay algo que duele profundamente cuando llegas con ilusión a contar cómo estuvo tu día y descubres que la otra persona apenas levanta la vista. Empiezas una historia, pero a la mitad suena una notificación y, de pronto, desapareces. Tu voz sigue hablando, pero ya no está siendo escuchada. En ese instante entiendes que no fue el mensaje el que interrumpió la conversación; fue la conexión entre ustedes la que se rompió.


Y entonces llega la cena.


Dos personas sentadas en la misma mesa. Dos platos calientes. Dos corazones que hace tiempo prometieron acompañarse. Pero entre ellos hay dos pantallas iluminadas. Hay silencio. Solo se escucha el sonido de los cubiertos y el roce de unos dedos deslizándose sobre el cristal.


Desde afuera parece que están juntos.

Desde adentro, ambos están solos.


Lo más triste es que los grandes amores casi nunca terminan por un único problema enorme. Se desgastan por miles de pequeños momentos que nunca fueron vividos. Por las conversaciones que pudieron cambiar un día difícil. Por las risas que nunca ocurrieron. Por las miradas que nunca se encontraron. Por esos "cuéntame cómo te fue" que fueron reemplazados por un "espera tantito".


El amor necesita tiempo, pero sobre todo necesita atención.


Porque escuchar a quien amas no es solo oír sus palabras; es decirle, sin hablar: "En este momento eres más importante que cualquier cosa que pueda aparecer en esta pantalla."

Ninguna notificación recordará cómo sonaba la risa de tu pareja. Ninguna red social podrá devolverte la conversación que no escuchaste. Ningún video reemplazará el abrazo que no diste porque estabas ocupado mirando un celular.


Y llega un día en que la persona que antes insistía en hablar contigo... deja de hacerlo.

No porque ya no tenga nada que decir. Sino porque aprendió que ya no estaba siendo escuchada. Ese es el momento en que la relación empieza a apagarse.

Todavía viven bajo el mismo techo. Todavía comen en la misma mesa. Todavía se llaman pareja. Pero emocionalmente ya viven en habitaciones distintas.


Por eso, si hoy la persona que amas se acerca para contarte cómo fue su día, haz un regalo que no cuesta dinero y que, sin embargo, vale más que cualquier obsequio: deja el celular a un lado.


Mírala a los ojos. Escucha sin prisas. Haz preguntas. Sonríe. Toma su mano.


Porque esos diez minutos de atención completa pueden fortalecer una relación mucho más que cien mensajes enviados durante el día.


Los grandes amores no se construyen con viajes extraordinarios ni con regalos costosos. Se construyen con miles de pequeños instantes en los que dos personas se sienten vistas, escuchadas y elegidas.


Y cada vez que decides bajar la pantalla para levantar la mirada, le estás diciendo a quien amas algo que jamás podrá escribirse en un mensaje:


"Aquí estoy. Estoy contigo. Y este momento, contigo, vale mucho más que cualquier notificación del mundo."

 
 
 

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